martes, 6 de septiembre de 2011

Elogio de los baches.

Todos los días paso varias veces sobre éste, en la esquina de casa. Parece la foto satelital de un lago precordillerano.
"Una mirada desde la alcantarilla también puede ser una visión del mundo" ~ Alejandra Pizarnik.

Si por algo se caracterizan las calles de Villa Gobernador Gálvez y Rosario (e imagino que las de muchas ciudades más) es por su enorme y surtida colección de baches. Realmente es una maravilla. Los hay de todos los tamaños y formas, solos y combinados con otras deformaciones del asfalto, el adoquinado, los mejorados y la tierra.

Entre hinchazones, placas de cemento torcidas y ciertas protuberancias que me gusta llamar "lomos de burro naturales", la variedad paisajística callejera, desde la perspectiva de una cucaracha, presenta el mismo contraste de relieves que para nosotros cualquier pedazo de cordillera.

Estoy muy de acuerdo con los pozos, y es por eso que me pondré a enumerar sus ventajas:

1 · Significan una medida de seguridad excelente contra el exceso de velocidad. Además, la huella psicológica que dejan hace de cualquier conductor un ser más cauto.

2 · Uno se acostumbra rápidamente a su existencia.

3 · No requieren gastos presupuestarios para ser construídos.

4 · Son un detalle vistoso del folclore callejero.

5 · Esa agradable sensación que producen las calles muy poceadas como de andar en canoa, contemplando a través del parabrisas un paisaje lunar.

Y de yapa, son los peores enemigos de los lomos de burro: Seres despreciables que significan un gasto para las municipalidades, cuya construcción conlleva un esfuerzo y que muchas veces no están señalizadas sin tener la sana inocencia del pozo.

Queda demostrado de sobra que los baches son una gran idea de dios, que ni siquiera permiten que los hombres se apropien de ella en sus anuncios políticos. Aunque uno puede llegar a sospechar que quizás existe un grupo secreto encargado de garantizar su existencia por buena voluntad.

Protejamos a estos hijos de la erosión, enemigos del progreso fanático y vano, maestros de la sorpresa y la paciencia.

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